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martes, 6 de octubre de 2015

historia de un otoño

La noche cae antes y los bares vacíos, si decides salir un rato es difícil encontrarse con alguien por las calles. Te das medio paseo y apenas encuentras ventanas con luz, una cosa es tranquilidad y otra soledad.

En estas calles inmoderadamente tranquilas se oyen los niños corriendo y jugando.  Una mujer caída en su casa grita y nadie la oye. Nadie en su calle puede oírla.

Por suerte pasaron los niños, gritando, corriendo, con su viva algarabía. Uno de ellos la oyó; el resto volaron a avisar a los médicos y a la gente de la plaza.

La algarabía escuchó al silencio, los niños salvaron a la mujer de la angustia de una noche en el suelo (al menos).

Pequeña historia, otro síntoma de lo dura que es la vida en los pueblos. De como la población envejece y los pueblos caen en el olvido. Tal vez sea yo que me esté otoñando, pero me llamó la atención la historia y quería compartirla.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

A ver si flor de otoño hace un comentario entendible a esta entrada jejeje . Bueno lo mismo no, quien sabe. como escribe para el

Anónimo dijo...

Que lástima!, pero en las ciudades más o menos grandes sucede igual. Hay mucha gente mayor sola y no se ocupan de ellos con la frecuencia que se pudiera desear.

Anónimo dijo...

QWue manera de catalogar a los intervinientes.
(respeto coño; respeto) Que entiendes tú, por libertad de expresión.

Anónimo dijo...

Libertad de expresión es la declaración de algo para darlo a entender y aquí es donde me pierdo. No entiendo lo que quieres decir en tu libertad de expresión. Seguramente por estar escrito para inteligentes y siendo un poco cortito no llego a ese nivel

Anónimo dijo...

¡¡Eaaaa, ya se enzarzaron, no sabemos quienes ni a cuento de qué!!