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miércoles, 8 de abril de 2015

HISTORIA DEL FUTBOL EN VILLARTA- 4

Por José Luis Ramos Molina
CAMPOS DE JUEGO (continuación)
La Era de López.- Dista aproximadamente un km. del pueblo, antes de llegar a Los Castaños, en la misma carretera que lleva a Herrera. Esta situación estratégica hacía que al ir paseando por la carretera, se unieran más jugadores imprevistos. Además permitía tener espectadores -todos los que por la carretera pasaban o paseaban. Añádasele el espíritu de alegría y animación que el paso constante -goteo lento- de autos producía, pues era una ventana de observación de quien entraba y salía del pueblo. Esta era, que estaba en una cerca- aún sigue existiendo, aunque no tan limpia de monte como entonces- era pequeña. Se utilizaba mucho los domingos por las tardes,pues al ir a pasear, llevábamos un balón y alguno como Rafa, tenía una radio-transistor- y al mismo tiempo que dábamos patadas al balón, escuchábamos los partidos que se jugaban en la 1ª División española, con el seguimiento y narración de las transmisiones desde los distintos campos. A veces jugábamos pequeños partidos , pero como era un espacio pequeño e inclinado, lo que hacíamos era centrar y rematar a una portería en la parte de arriba, que indudablemente estaba hecha con dos piedras, aunque a veces usábamos como referente un palo del teléfono, pues pasaba por allí el cable de las comunicaciones.
La Cerca del Tío Gerardo.- Como las precedentes, el espacio donde jugábamos, era una era que estaba en esta cerca. Era un estadio más grande que el anterior, aunque en cuesta, como no, pues ya se ha expresado anteriormente, en Villarta es difícil encontrar algo llano. Esto nos permitía ya “echar partidos” con bastantes más jugadores, he incluso preparar los partidos de las Fiestas. Las porterías estaban una a la parte de arriba y otra en la de abajo, con lo cual había que hacer cambio de campo, pues la ventaja era mayúscula para los de arriba. Si no se tenía el permiso pertinente del dueño de la cerca, y mayormente del arrendatario, siempre había que estar “ojo avizor” para estar dispuesto en cualquier momento, a emprender la huida “a calzón quitao”, por la parte de arriba, saltando paredes a otras cercas hasta las callejas de arriba al grito de:
-¡Que viene el amo!
Otras veces, el arrendatario consentía que jugásemos. O iba el nieto del dueño si estaba presente -José Luis Calderón- podíamos estar más tranquilos. Para entrar, había que saltar una pequeña talanquera que había en la parte de abajo junto a la carretera de El Santo. A este lugar iban a jugar, mayormente, los muchos de esa zona; los de las calles de abajo, no lo frecuentábamos mucho y sólo íbamos cuando nos poníamos de acuerdo en ir a este lugar. A veces nos juntábamos muchos, unos que querían jugar y les gustaba y otros, que se dedicaban a jugar entre los chaparros a otras cosas.
La calleja de los Casarones.- fue el lugar por excelencia donde jugábamos los de las calles de abajo, aunque se desplazaban también los de la Calle Real, pues les cogía también cerca y con los cuales manteníamos una relación más intima. Es un espacio muy estrecho -quizá 4 metros-, con forma de serpiente zigzagueante. Dos porterías de piedras, donde el portero de una de ellas no ver al de la otra. Al ser una calleja por donde pasaban personas y animales, con burros, mulos, cabras, ovejas o hasta algún cerdo, debíamos parar hasta que pasaba:
-¡ Alto, alto, que viene un hombre!
Algunas veces venía un hombre con su burro cargado de forraje, con espigas, de cebada, las cuales nos encantaba comer. Cuando iba pasando, sin que el dueño se diera cuenta, empezábamos a tirar de las espigas y salíamos corriendo, pues si se daba cuenta nos gritaba y decía:
¡Que me esfolicháis la carga!
Era el lugar predilecto para nosotros pues lo teníamos de paso para ir y venir de la escuela, por lo que al ir o volver de ella, nos parábamos a jugar. Y tampoco necesitábamos ser muchos para jugar pues con 3 o 4 nos bastaba, aunque a veces se llenaba con 10 o 12 que era una multitud, pues el aforo era muy limitado. Como no teníamos parques, aquel era un espacio en el que jugábamos a todos los juegos posibles, era multifuncional: agallejos, aro, zancos, cartones, charcas cuando llovía, a los nichos, carbitero,...
También en este estadio organizamos varios campeonatos, con varios equipos, quizá de 3 o 4 miembros cada uno y tal vez 3 o 4 equipos. Hacíamos una copa con palo y metido en un vaso de conservas; pero también copas con platilla, de las tabletas – o media libra- de chocolate. Estos eran los trofeos. Aquella era nuestra ilusión.
El estadio la Casquera.- Muy próximo al anterior, frente a la Callejilla Los Lobos, en la parte de abajo, en una cerca que solía sembrarse para forraje, un verano nos dimos cuenta de que estaba bastante llana, aunque tenía muchas piedras. Pero era ancha, cosa que la calleja no tenía, por lo que permitía pasar el balón no solo en vertical, sino pases en horizontal. Nos pusimos manos a la obra y fuimos quitando todos los cantos grandes que había, dejándolo bastante decente. Luego señalizamos todo el rectángulo del campo, poniendo pequeñas piedras, con lo cual, teníamos un estadio que se asemejaba mucho más a los que veíamos por la tele. ¡Qué contentos nos pusimos!¡Con cuanta ilusión organizamos un torneo aquel verano!Quien creo se debió poner más contento sería el dueño de la cerca, que le limpiamos la cerca de cantos. Este campo no duró mucho pues cuanto pasó el verano, se volvió a sembrar.
El patio de la escuela.- Creo que fue el lugar donde yo tuve mi primer contacto con el fútbol. Y era donde más jugábamos a este deporte pues lo hacíamos antes de entrar las aulas, en el recreo, después de salir de las clases de por la mañana; antes de entrar a las sesiones de por la tarde y después de salir a las 5.
Mi primera experiencia con la práctica del deporte rey, fue en la parte de atrás, en el pequeño patio que está junto al trozo que había y que hay techado. Yo tendría 6 o 7 años, pues fue nada más trasladarnos de la Escuela de la Plaza. Se organizó un torneo con cuatro equipos, en el que cuatro alumnos de los mayores crearon sus propios equipos y en uno de ellos me incluyeron a mí. Los nombres de los equipos eran Rebelé F.C.,Pedrusco C. F., Melé C.D. y Pepillo F.C. El campeón creo, según las fuentes, pues yo no lo recuerdo, el Pepillo F.C.
En el patio grande, era donde realmente se organizaban los grandes partidos y donde cabíamos más. Sin embargo, fue al año siguiente cuando yo estaba en 3º de Enseñanza Primaria, cuando jugábamos todos los recreos con nuestro maestro D. Antonio. Como los mayores jugaban en el grande, nosotros lo hacíamos en un pequeño trozo, a la entrada, transversal al grande. Las porterías eran muy pequeñas, pues no requería portero, sino defender con el pie. Y allí jugábamos con nuestro maestro, recién venido de la mili. Por ello la gimnasia -que se llamaba entonces, pues ahora es Educación Física- que nos daba era totalmente militar, con sus despedidas incluidas y gritos de ¡Franco, Franco! en posición de firmes. Pero toda la gimnasia de los distintos maestros era militar, que para eso estábamos bajo aquel régimen dictatorial, donde lo militar se confundía con lo cívico; y donde no se sabía donde empezaba uno y terminaba el otro.
Pero en el campo grande era donde, indudablemente nos gustaba jugar más, porque había más espacio y podíamos jugar con los mayores. Allí ya jugábamos todos los que nos gustaba el fútbol, grandes y pequeños. Aunque los partidos eran a cualquier hora, cuando disponíamos de más tiempo era en los recreos -cuando no paseaban por él los maestros. Como no comíamos bocadillos ni nada, corríamos a echar a suertes para hacer los dos equipos. Ello consistía en “echar a pies” en que los dos encargados de hacer los equipos, los dos capitanes, se ponían separados uno de otro unos metros y empezar a poner los dos pies uno seguido de otro, cada uno cuando le tocaba, hasta que se juntaban poniendo pies; el que caía su pie final sobre el del otro era el que comenzaba a elegir o a pedir, que se decía, para formar los equipos.
Si hacía buen tiempo, los maestros y maestras se ponía a pasear en ese patio grande, impidiendo que pudiésemos echar nuestro partido. Y esto era así porque, si era por la tarde, se abría la escuela a las 3 pero luego cada maestro iba llegando a una hora distinta, a las 3 y diez, a y cuarto, a y media,...en fin, aquello era un auténtico “rosario de la aurora”, hasta que llegaban todos y ya podíamos entrar a las clases.

4 comentarios:

JCMolina dijo...

Que placer leer esta nueva entrega.
Pero por si acaso no hubiera más entregas, y sino para que las tenga en cuenta, el autor, yo tengo en mi haber jugado en otros lugares. Seguro que el autor también.
No me gustaría que se olvidaran algunos “campos emblemáticos”, como dirían en El Carrusel Deportivo. Algunos con más continuidad, otros como apoyo a los entrenamientos “mundialistas” del verano y que sólo eran utilizados temporalmente, cuando había poca “cuadrilla”, durante las épocas invernales o durante los menos aglomerados días de entre año. La cerca de Julián “el Conejo”, es decir el padre de Rafa Chaves, al lado de “Las Erillas-Trafford”, la era de la cerca de Galache, utilizado por algunos muchachos de la calle del “cuartel viejo”, ahora San Pablo y por supuesto, la era de “el Riscoblanco”, ese jodido campo en la estratosfera y canalla cuando la pelota salía de banda y rodaba El Cordel abajo.
Pero cuanto tenemos que agradecer a José Luis, en estas crónicas o capítulos de una historia, la nuestra.
Cuantos recuerdos nos hace despertar, cuanta nostalgia y cuanta valoración de las amistades eternas que fraguamos algunos en esos campos. Cuanto sacrificio en intentar emular los regates, las fintas, los desmarques que veíamos en TV, que era imposible llevar a cabo en nuestros terrenos de juego, pero que ilusionados, enajenados por la pasión creíamos que ejecutábamos a la perfección y mejorando a algunos de nuestros ídolos. Pero sobre todo, cuanto reconocimiento de que aquellos tiempos nos enseñaron mucho. Como decía el escritor, TODO LO QUE SE DE LA VIDA ME LO ENSEÑO EL FUTBOL, me enseñó lo bueno y a veces, también lo peor de algunas personas, pero eso lo olvido pronto.
En estos campos donde los más hábiles eran reconocidos, los más fuertes respetados y los voluntariosos éramos valorados, todos, soñábamos con la gloria, con el desmarque perfecto, con el remate mágico y con el gol decisivo, sobre aquellas “praderas alfombradas” que trasmutadas en nuestra imaginación igual que “molinos quijotescos”, se habían convertido las pizarras, los barrancos, las “pedreras” y hasta los “perigallos” sustitutos del tupido trébol, que seguro acolcharía otros campos que sólo conocimos cuando salimos del pueblo o por la TV en color.

De todas formas solo quiero agradecer a José Luis este regalo que nos está haciendo con estos capítulos de nuestra infancia, nuestra juventud, nuestra historia en definitiva. Gracias y te pido que debe continuar. Es necesario este ejercicio de recuerdo, de rememorar ratos que formaron mi carácter.
JCMolina.

Anónimo dijo...

Buenas chicos, echo de menos las fotos de Semana Santa.¿Es que no ha habido este año en El Pueblo??, Je..Je..¡¡Saludos, paisanos!!.

Anónimo dijo...

Hace años que no se de vosotros.
pero quiero hacer una corrección.
Pedrusco 1º, segundo Pepillo
y el tercero Rebelé,
Dios lo que ha llovido,pero me laegra, leer estos temas de la época, Un saludo a todos, a los que hace años que no veo.

Anónimo dijo...

¡¡Que nombres tan graciosos, jajjjaa!!