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lunes, 10 de diciembre de 2012

descubriendo Villarta: Aldeanueva 2ª parte

DESCUBRIENDO VILLARTA

ALDEANUEVA: 2ª PARTE

Bajamos el pequeño terreno quebrado, antes de adentrarnos en el bosque de puntiagudos pinos, que como espadas, apuntan al cielo. Continuamos nuestro pausado caminar saboreando con placer, cada recoveco del camino, cada percepción fijada en nuestra retina, el olor dulce que desprenden los pinos y nos van regalando a nuestro paso, aromatizando todo el espacio que nos rodea.

El camino es llano –un carril forestal . Continúa paralelo, el trayecto que seguía el estrecho camino por el que íbamos hasta las huertas de Bodeguero, El Manzano y Los Ciruelos. Aquella vereda que circunvalaba la plantación de pinos –o Repoblación Forestal, como se la conocía- que se llevó a cabo en los años cuarenta o cincuenta, con la fiebre de plantar tanto pino; eliminaron la vegetación propia del lugar, donde frondosamente crecía el lentisco, aladierno –o layerna que decían nuestros padres y abuelos-, chaparro, madroño,…y tantos otros que hoy día vuelven a retozar en algunos espacios del bosque. El camino marcaba la línea divisoria entre el terreno de la Dehesa, propiedad municipal en la parte de abajo, preñada de sotobosque mediterráneo, y la del pinar, también perteneciente a Villarta, pero “arrendada” al Estado durante cierto periodo de tiempo. Hoy, ya cumplió el arrendamiento, recuperándose su posesión para disfrute de los vecinos del pueblo. Aún hoy, podemos observar esta división entre ambas partes, que como buenas amigas se integran en este paraíso nuestro.

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Las sombras nos reconfortan y nos adormecen, en una especie de ensueño sonámbulo, en donde el límite de la realidad y lo soñado no se percibe con claridad. Ni tampoco lo deseo; pues es grande la magnitud de esta soledad silenciada que deseo prolongar. Percibir la sonoridad de este silencio de pinos en su desordenado aparecer ante mi vista, me transporta al infinito cielo. Mi paso es lento, como así pasan mis recuerdos. La imaginación se me va a los presentes; a lo inmutable o a lo pasajero. Se me inunda la mente de recuerdos, de mi paso por estos caminos…hace ya…tiempo. Del niño que era, sobre el burro “caballero”, esperando un pequeño trozo del camino, un poco más llano y espolear al asno para echar un trotecillo alegre.

Continúo viendo y viendo pinos, altos, robustos; con sus hojas llenas de agujas que van tejiendo la sombra que mi cuerpo demanda para calmar este calor que va subiendo por momentos. El olor de los pinos huele y huele a seco; pero a veces su resina, desprende aún un aroma a chocolate, aquel que un día lejano percibí, del que aún guardo su recuerdo.

Por los claros que dejan al descubierto los pinos, veo un cielo azulado, de una brillantez extrema, de una luminosidad deslumbrante. El movimiento del aire no se percibe; quizá es que no se mueve…o que yo no lo siento.

A mi derecha, me sorprende la visión de un verde más claro y luminoso: un joven castaño que se retuerce de dolor, quizá por no poder subir hacia el cielo, porque los pinos, dueños de estos parajes, no le dejan verlo. Se ha refugiado en un reguero, buscando la humedad profunda del agua. Es el sitio donde se plantaron, en la misma época que sus vecinos los pinos. Pero es el único testigo de la triste historia de la que surgió. Me contaba mi padre que cuando se hizo la Repoblación Forestal, en los regueros, se sembraron estos castaños –ellos tienen más sed que los pinos . Debieron ser los años de “las hambres”, pues me decía, que a los obreros que debían plantar los castaños les daban contadas las castañas, para que no se las pudieran comer. Pero ellos, al sembrarlas, hacían algún tipo de señal, y cuando se marchaban al pueblo, después volvían para desenterrarlas y comerlas. ¡Era el hambre que pasaban, los pobres jornaleros!

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Sigo mi camino, sintiendo pasar el tiempo, de una manera suave, por el infinito bosque de pinos que trepan hacia la cima de la escabrosa montaña. Pinos de duro cuerpo; de arrugado vestido, de capas escamosas, superpuestas; de ramaje entrelazado, de abrazadas ramas, formando una masa amorfa, como un todo interminable, en que se sienten sus besos.

Vuelve el olor a resina dulce…o es que no se ha ido y yo a veces no lo huelo.

Me permito mirar hacia abajo, al Edén natural de encinas, que a través de los siglos creció, acompañado de la labor del humano y del ganado doméstico, en forma de ovejas, bueyes y cerdos. Formas redondeadas de los chaparros; sombras frescas. Se diseminan por el espacio, anárquicamente dispuestos, buscando su propio hueco. Entre una y otra, las distancias permiten al ganado, pastar rebuscando en su suelo.

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Pero no están solas; hay cientos de ellas por toda la Dehesa Boyal, por donde oímos el balar de las ovejas, mezclado con algunos cencerros.

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Colores verdes, oscuros,plateados, amarillentos,... hoy en verano; se tornan en primavera, verdes más claros, blancos margaritas, amarillos intensos, lilas lavandas o tomillos… y … ¡qué se yo, otros muchos, porque hace tantos años que yo así no los veo! (CONTINUARÁ)

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Autor: ESSS

Agradecimiento: a todos los que leen mis escritos, les gusten o no; y en especial, a los que se toman la molestia de comentarlos y hacer las críticas constructivas que realizan. Ello me da ánimos para continuar escribiendo, compartiendo y disfrutando con ello. Saludos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Mi agradecimiento a ti por deleitarnos con tus relatos. Yo también pase por ese camino de niño muchas veces, unas veces a la huerta del manzano de mi abuelo y otras con mi padre a las "borras", y al leer tu relato desde aquí vuelvo a percibir los olores y las sensaciones,no se si tu recordaras que cerca de ese camino había un chozo grande, donde paraban creo que los vigilantes de la parte forestal, si no recuerdo mal creo que eran, el padre de capullo y el tío carrero.

Anónimo dijo...

¡Hola!,compañero de camino,el que un día recorrimos y tal vez en alguna ocasión nos encontramos.Ahora volvemos a andarlo juntos,y mientras andamos, conversamos,para que se nos haga más placentero el sendero.Aguanta un poco la sed, pues Aldeanueva está muy cerca; estamos llegando y el agua fresca del botijo que "los de los fuegos" tienen debajo del chumbano,nos refrescará; y con ellos charlaremos un momento.
ESSS